De quien pinta felicidad en días grises

Las preguntas sobre la esencia de la felicidad han sido constantes a lo largo de la historia de la humanidad. Desde el justo medio y la prudencia de Aristóteles hasta el placer sin excesos de Epicuro. Y porque ni hablar de la resiliencia y la razón como base para la felicidad del estoicismo.

Según los estudiosos, la actividad creativa “es expresión de un sentimiento de dicha en la elaboración de lo que se está creando”. Puede ser una pintura al óleo, un escrito o una composición musical o cualquier otra creación artística.

Fernanda David supo hacer de la creación su razón de vida. Crear, crear de la nada, de la forma que fuera, con lo que se pudiera crear. Crear en un lienzo o en cielo... Crear.


La artista y el cielo


La puerta estaba abierta. Al otro lado espera una mujer de pelo a la altura de las orejas, las puntas peinadas hacia afuera. Es menuda, de aspecto vivaz, la piel muy blanca. Está sentada en el living frente a dos bastidores, a los que vigila con recelo y los apunta con un lápiz que tiene entre las manos.

Sentante donde quieras. ¿Qué vas a tomar? ¿Café, té, mate, vino? Yo estoy tomando un tecito - Dice con voz suave, casi susurrante.

Afuera está lloviendo y corre un aire fresco. La luz del día entra serena por las ventanas. En un amplio living que oficia también de atelier, hay una mesa de madera rústica, sillas, un sofá, una pequeña e improvisada biblioteca donde se destacan libros sobre la historia del arte. Además cuenta con una importante bodega con vinos de todos los colores y edades. Pareciera una obviedad, pero es necesario aclarar que la casa esta regada de bastidores, obras terminadas y a medio terminar, pinceles, bocetos, oleos y acrílicos de todos los colores.

“Cuando estés mal/ cuando estés sola / Cuando ya estés cansada de llorar/ No te olvides de mí/ Porque sé que te puedo estimular”, entona García e inunda la casa. La música sale de un parlante bluetooth que está apoyado sobre el marco de una estufa hogar de piedras.


Fernanda se dirige a la cocina y en el camino se detiene de golpe frente al lienzo, fija la mirada durante escasos segundos en algún punto del infinito, después enfoca rápidamente en otra dirección; luego vuelve a cambiar su objeto de inspección como si el movimiento veloz de sus ojos diáfanos trazara líneas imaginarias, parecidas a las que emplea para entender el mundo.

Mate en mano, se acomoda y se dispone a la entrevista. Coloca un hermoso cenicero de cerámica sobre la mesa, el cual se irá llenando de colillas y cenizas a lo largo de la entrevista.

¿Por qué pintas?

Yo me encuentro en la pintura. Yo pinto porque me hace feliz. Cuando comencé a agarrar los pinceles eran momentos en los que estaba muy triste y era mi manera de canalizarla. Siempre me costó mucho expresar con palabras lo que siento. También con estos sentimientos encontré mi estilo.

Una artista oscura…

Si pero un día me dije "basta de pintar solo cuando estas triste", tenía miedo de pintar en momentos de felicidad porque no me salían de la misma manera y terminaba tirando mis obras. El día que entendí que pintaba porque me hacía bien y no tenía que esperar a estar triste para hacerlo fue una revelación.

¿Cómo te definirías como artista?

Me considero una artista abstracta, de hecho me costó mucho llegar ahí. En mis comienzos pintaba paisajes, desnudos… En el momento que empecé a pintar como manera de descargar sentimientos que encontré en la abstracción mi lugar.

La vida de esta artista transcurre entre el cielo y la tierra. Esta afirmación, lejos de ser una metáfora de alguien que “no tiene los pies en este mundo”, es una realidad. Fernanda hace años que es comisaria de abordo y gran parte de su tiempo transcurre en el aire.


¿Qué relación encontraste entre el arte y tu profesión?

Me gusta mucho volar. Cuando estoy arriba me encuentro inmersa en un lugar que no todos tienen la posibilidad de ver. Sería muy lindo que todos puedan estar un rato en el cielo como estoy yo viendo las cosas de otra forma.


¿Tus cuadros tienen cielos?


Nunca he pintado un cielo, pero estar en él me transporta y me regala nuevos colores. Combinar el cielo con el arte es algo increíble, aunque no todos lo sepan eso está en mi cabeza.

Como en la casa de todo buen artista prima el silencio. En este caso el silencio, de por sí, es todo un estruendo, y su manera de romperlo es una viveza. Mientras habla juega con su pelo y con la otra mano dibuja un árbol en un anotador de papel madera. Cruza la pierna y me mira con sus ojos agudos como de una lechuza que ha mirado de tanto en tanto y confiesa:

Me cuesta despegarme de la obra en sí, cada obra tiene un sentimiento. Cada cuadro que se llevan tienen algo de mí, de mi vida, de lo que estoy viviendo en ese momento, tienen historia.

La entrevista se interrumpe, el agua se estaba terminando como la tarde. Es entonces que Fernanda se levanta de su silla, mira el reloj y exclama: “Se me está haciendo tarde, tengo que entregar un cuadro que me encargó mi tía sino te decía que abramos un vinito”.

Fernanda al igual que el Dante conoce el cielo y el infierno y hace suya a la hora de agarrar el pincel la frase del poeta creador de La Divina Comedia: “el vino siembra poesía en los corazones”.

Me gusta el vino cuando pinto. Siempre está presente, me recuerda mucho a mi abuelo. No puede faltar. Uso mucho su color. El verde de la parra y el violáceo del vino.

La entrevista llegó a su fin. La ayudo a embalar un cuadro que tiene que entregar y lo calzamos en el asiento de atrás del auto.


Van a poder disfrutar de una parte tuya en su living


Antes se llevaban mi tristeza, ¡hoy toda mi felicidad!