Sofia López Fleming desnuda la salteñidad

 

x Santiago Mendieta

El encuentro es en La Ventolera, una antigua casona de calle O´higgins esquina Mitre de Salta Capital. Es un domingo de otoño. Es de noche y hay un silencio de siesta salteña, sin autos, sin gente. Por los ventanales entra a raudales la noche clara. Hace frio y el zumbido lento del viento se cuela sobre el patio de cielo abierto, donde personas con polainas y coloridas bufandas ríen, fuman y beben.

La sala está oscura, es chica y el silencio es ensordecedor. La voz de una niña comienza a entonar a capella una vieja canción de cuna del poeta salteño Jaime Dávalos.

 

-    Muñeca chiquitita, granito de café si me pides la vida, la vida te daré.

 

La dulce melodía comienza a desparecer y una mujer entra en cuadro. Camina como si fuera parte de la tierra, con una gracia épica, serena. Lleva una jogging violeta y una remera corta, de un blanco óptico, de algodón.

 

Rubia, de tez blanca y labios delgados que funcionan como túnel para la salida de una voz medio grave, atrapante. Las líneas, que ondulan suaves en los pómulos, se transforman en la altiva arquitectura de las cejas, en la vivacidad elástica de la boca, en el verde de los ojos.

 

Cuando su figura atraviesa los espectadores con gracia distraída, algo, en el íntimo engranaje de la escena, se detiene. Porque la mujer que acaba de rasgar la suavidad de la noche y derrama, sobre los que están allí, la sensación eufórica, y a la vez triste, de estar viviendo ya, una vez más, sus recuerdos.

-    Esta es mi puta vida, la finja o no.

Es allí, donde por más de una hora, empieza a compartir esas imágenes que hace 31 años dan vuelta en su cabeza, en donde el sexo prometía más amenazas que el hombre de la bolsa o las gitanas de la peatonal.

Mi nombre es Sofía López Fleming. Soy puta, soy corbarde.

 

La mujer relata los prejuicios de la salteñidad. De una sociedad, que aunque se autoproclame “progre”, aún resiste a los embates de modernidad.

 

Una sociedad machista en la que aún perdura el mote de “puta”. Una sociedad que sin tapujos dice que son todas putas: las que atienden al cartero en bata, las rubias, las viejas que salen a tomar algo con amigas. Si caminan moviendo el culo, son putas. Las chicas que vuelven a casa después de las once de la noche, son putas. Puta es la que va al colegio con las uñas pintadas, puta la divorciada y puta la hija de la divorciada.

No nos une el amor, sino el espanto. Hay un temor transversal en la sala, mientras Sofía desafía al público con verdades reveladas, verdades que no queremos ver.

 

Baila, canta, se desnuda, se masturba, goza, siente, se besa con una chica del publico, baila con otro, despierta risas y provoca lagrimas. Todo en una hora. La obra “Si lo viera tu padre”, transcurre con la vorágine con la que transcurrió su vida. El guión autobriográfico parecería extraído de algún libro de Charles Bukowski, el poeta maldito.

 

La obra terminó con una gran fiesta, “Música de putos” de Electrochongo invadió la escena y el publico se unió al baile.

 

Transpirada y con una peluca violeta que conserva de la obra, Sofía despliega una bolsa de tabaco sobre la mesa, se arma un cigarrillo y mientras saluda a los espectadores se dispone a las preguntas.

 

-   Te describiste como una persona miedosa, sin embargo en la obra demostrás todo lo contrario. Te desnudas frente a todos, expones tu vida y te reís de vos misma ¿A qué tenés miedo?

-    Tengo miedo a la soledad. Tengo miedo a quedar atrapada en un sueño ajeno. A lo único que  me lleva el miedo es a sacarle la sabana al fantasma, a enfrentarlo.

 

-    “Si lo viera tu padre” titulaste la obra, ¿y si lo viera tu padre?

 

-    No la vio, sabe de que se trata pero no la vio. Creo que no está preparado para hacerlo, para ver lo que le toca. Me parece que no podría hacer una lectura ampliada, si no que se quedaría con lo que le haría mal y reconfirmando eso de 'ésta chiquita está loca de puta, la tengo que ayudar'(ríe)

 

-    La obra comienza con la proyección de un vídeo donde aparece una niña rubia que juega inocentemente ¿Qué te queda de esa niña?

 

-    Absolutamente todo! Es un material que filmó mi abuelo, son horas de yo batiendo cualca. Bailando, inventando historias a la cámara. Ahí ya estaba todo, la forma en que me muevo, una cosita medio eléctrica. Estaba todo ahí, lo que luego se fue desplegando en 31 años.

 

El telón se cerró, los cigarrillos se consumieron y el frio despidió la jornada. Sofía quedó ahí, inmóvil, sonriente, como esperando… tal vez, que la viera su padre.

  • Blanca Facebook Icono
  • Blanco Icono de Spotify
  • Blanco Icono de Instagram